Me hace mucha gracia que, cuando escribí la anterior entrada y me confesase de izquierdas -a partir de esa idea del neoprogresismo de la que tendremos que hablar en posteriores entradas-, recibiese varios comentarios de conocidos: "eh tío, que por fin te has pasado al PSOE, si es que ya sabía yo que eras un rojillo". Similares y demás que, realmente me dejaban callado, sin saber qué decir. ¿A tal grado de dogmatización hemos llegado?
Surgen muchos malentendidos, muchos dogmas a partir de un momento en el que te declaras "de izquierdas". Parece que hayas de asumir que "las derechas" quieren robarte más y más, que "el centro" no existe y que son derechistas camuflados y que, por supuesto, tus gurús ideológicos hayan de ser los de la ambigüedad, el 'buenismo' y los de lo políticamente correcto. Parece que, al ser de izquierdas, tengas que asumir que 'la paridad' es obligada, que la Historia está para ser reescrita a mayor gloria de la simpatía y la sonrisa fácil. En definitiva, tienes que asumir que tus gurús culturales son el Gremio de Actores de este país, que tu referente económico es cualquiera que le pique a EEUU en sus partes y que, por supuesto, tu argumentación debe ceñirse a la verborrea.
Sin embargo, ser "de izquierdas" es algo más allá de eso. No hablo, evidentemente, de la 'extrema izquierda' -commies, anarquistas, elementos varios- pero sí de esa tendencia emocional de las personas a preocuparse por los problemas de su alrededor, analizarlos y buscar una solución innovadora al problema. Me refiero al ser progresista, racional, pragmático y realista. Para los que piensen que esto es incompatible con cualquier principio del liberalismo recomiendo leer a Adam Smith y su 'Teoría de los sentimientos morales'. La gran obra desconocida de Smith y que constituye base fundamental de su teoría práctica del liberalismo, base de pensadores como Stuart Mill que, en ningún caso, se asemejan a posibles teorías socialistas utópicas contemporáneas a la época.
Ser de izquierdas implica esa racionalidad, esa búsqueda de progreso en el análisis de nuevas teorías a los problemas políticos que tienen las sociedades modernas. Ser de izquierdas supone una aceptación realista de la situación en la que vivimos. Ser de izquierdas, supone, en definitiva, poseer capacidad crítica suficiente como para desmarcarse de dogmas impuestos por instituciones -físicas o abstractas- en nuestra mentalidad, indistintamente de que sea a favor o en contra del sistema en el que nos movemos.
Yo, que me considero un firme defensor del capitalismo, del liberalismo y del libre mercado; soy de izquierdas. Porque considero que, con la crítica y el raciocinio podemos llegar a mejorar este mundo que tenemos entre manos. Las deformaciones del conservadurismo, anquilosado en la mayor parte del sur de Europa en las élites oligárquicas, impiden el pleno desarrollo de ese liberalismo esbozado por Smith no sólo en su archiconocida obra, 'La Riqueza de las Naciones' sino en la ya mencionada 'Teoría de los Sentimientos'. Desarrollada posteriormente por pensadores como Malthus -importantísimo-, Ricardo -fundamental para la teoría económica clásica- y, de forma quizás más filosófica pero también aplicada, por Stuart Mill. Sin embargo, no pretendo convertir esto en una entrada laudatoria de los clásicos liberales.
La cuestión era disertar sobre la situación de la izquierda racional en este país. Tan en boga y tan en declive a la vez, viéndose erróneamente identificada por el partido de los ladrones, los demagogos y la verborrea populista: el PSOE. Y es que ser de izquierdas no es un dogma, no es aceptar, como decía antes, preceptos fundamentales que deban guiar tu existencia en todos y cada uno de los aspectos de tu vida. Ser de izquierdas es una actitud, una actitud crítica y constructiva para con los que te rodean y para con la sociedad. Es ser abierto, tolerante y severo a la vez, tener los pies en la tierra y saber aplicar las soluciones adecuadas a los problemas adecuados.
Ser de izquierdas es, en suma, la capacidad que poseemos los seres humanos para olvidarnos del discurso fácil del antisistema decimonónico, para abjurar de las justificaciones sobrenaturales de la sociedad, para rechazar a aquellos que pretenden sembrar el pesimismo por toda la sociedad y cubrirla de un manto de grisácea indiferencia.
Como decía Churchill: 'Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad; un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad'.
Buenas tardes.
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