Ponencia política con varias polémicas -Salario Mínimo: ¿sí o no?- y con ese discursito de marras que el sábado tuve que oir toda la mañana. 'Batalla de las Ideas', la gran batalla rodeada de discursos grandilocuentes y, la mayor parte de las veces, repetitivos, huecos, enardecidos en ocasiones, aburridos de solemnidad en otras. Para que lo diga alguien con una nula capacidad de enardecer a las masas y que escribe truños como este blog, ¡tiene delito!
Pero bueno, al fin y al cabo, existía debate y democracia interna. Varias decenas de enmiendas se presentaban y se llegaban a acuerdos con los ponentes. Estabamos asistiendo a un ejercicio de consenso en el seno de la organización y eso es algo loable, digno de tener en cuenta, dado el apagón informativo de los medios al respecto tras lanzar la bomba de la polémica. Yo, que no tuve mucho acceso a la ponencia política -no pertenecía a la comisión de trabajo de la misma ni tenía el texto delante para ver cómo iban las enmiendas- no pude seguirla a fondo pero sí que estuve en dos momentos cumbre del debate y la votación. Matrimonio homosexual y centralización de la Educación.
El matrimonio homosexual fue el café de la mañana. Dormilaba yo en mi asiento mientras mi compañero me daba codazos para despertarme o me preguntaba alguna cosa cuando, de repente, oigo una enmienda que 'llega viva' al Congreso: matrimonio homosexual. La gente se mira, se yergue en sus asientos y a todos nos asalta un cierto gusanillo en el estómago. ¿Quién ha sido el suicida que presenta una enmienda a favor del matrimonio homosexual en un Congreso de NNGG dominado por una mayoría neoconservadora? Pronto se despejaban las dudas. Un miembro de la agrupación de Pozuelo -creo que era esa agrupación- subía al escenario y comenzaba a defender el matrimonio homosexual. Algunos, como yo, escuchábamos atentamente. Otros, según parecía, se limitaban a hacer bromas sobre 'la pluma' que tenía el enmendante. Su defensa, coherente. Al fin y al cabo, si somos un partido liberal y tenemos que dar la batalla de las ideas, ¿qué sentido tiene negar la equiparación de derechos y obligaciones de la unión entre personas del mismo sexo bajo la palabra matrimonio? Aparte de todo ello, su inclusión bajo la palabra matrimonio no supone ningún menoscabo de la Constitución o una perversión de la misma. Los ponentes defendieron la redacción original aduciendo que el partido tenía tramitado un recurso contra la ley y que sería ciertamente paradójica la situación. Llegaba la votación: por la mínima, ganaba el 'no' a la enmienda. A la bajada del valiente, aplausos para él.
La centralización de la educación fue el punto glorioso del mediodía. La ponencia moría y todos estábamos ya pidiendo la hora para, como buenos futuros políticos, acudir a la cafetería a comentar lo buena que estaba aquella morena, alcoholizarnos y, de paso, cotillear un poco sobre 'dirigentes'. Justo ahí los ponentes cambiaban su tono de voz y daban paso a otra nueva 'enmienda viva': centralizar la educación. Yo, que de nuevo había levantado la cabeza, miraba a mi alrededor. La gente permanecía inexpresiva y el enmendante realizó una buena defensa alegando lo absurdo de tener 17 sistemas educativos distintos en un mismo país. Los ponentes, sorprendemente, se negaron ¡aduciendo que fue Aznar quien descentralizó la educación! Pero, ¿somos un partido dogmático en el que no cabe la disidencia? Evidentemente, si no es NUESTRA disidencia...Al fin y al cabo, tras seguir manteniendo lo insostenible los ponentes llegó la hora de la votación: todo el auditorio votó favorablemente la enmienda salvo unas dos o tres abstenciones. Resultado: abrumadora derrota de los ponentes -que no de la ponencia- y aplausos prolongados en el auditorio.
El resto de la ponencia fue...pues eso, lo que es una ponencia de una organización política. Enmiendas que se retiran, que se aceptan, que se transaccionan y que no conoceremos hasta comparar texto original y texto definitivo. A ver si lo cuelgan de una dichosa vez y os lo puedo comentar brevemente.
En general, sensaciones conformes a las esperadas: bastante apertura democrática y una importantísima tendencia de liberalismo social que comienza a sentirse poco integrada en el partido y que tarde o temprano reclamará que se le oiga. Una ponencia hecha a la medida de los actuales líderes del PPdeMadrid -telita si Rajoy pierde las europeas y las gallegas de nuevo...- y que ha sido enriquecida con los militantes. Queda por ver si ha sido un batiburrillo de compromiso o si de verdad se ha cargado con compromiso ideológico y programático a una organización que arrastra el sambenito del 'pijerío' y 'seguidores del Opus Dei'. Así nos va en la verdadera batalla que tenemos que dar: la de la comunicación.
Buenas noches.
PD: Un saludo a los que me siguen desde el comienzo, a los que se incorporan poco a poco y a los que me siguen y no me dicen nada hasta hoy mismo. Gracias.
Mostrando entradas con la etiqueta liberal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta liberal. Mostrar todas las entradas
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Congreso Regional NNGG - Capítulo 1: Ponencia Política
Etiquetas:
esperanza aguirre,
liberal,
Madrid,
NNGG,
Pablo Casado,
PP
lunes, 29 de septiembre de 2008
Socializar pérdidas: distorsionar el mercado
El liberalismo tiembla, de nuevo por las afiladas manos de aquel que siempre lo amenaza, que le tiene en permanente vilo y que cuando se despierta, aspira a expulsar del trono al sistema que más libertad y prosperidad ha garantizado a la Humanidad. No hablamos del socialismo, no hablamos del comunismo o la huelga general simbolizada por Jack London en su libro. Hablamos del Estado y sus continuas intervenciones en el mercado, con sus nacionalizaciones, su alteración en el precio del dinero de forma absolutamente arbitraria -fomentando burbujas especulativas- y, en definitiva, eliminando cualquier componente de riesgo en el mercado para seguir lucrando a los oligopolios semi-estatales y seguir ofreciendo una razón de ser a la siempre en crecimiento burocracia.
Durante estos días nos desayunábamos y cenábamos con noticias de Wall Street, estúpidamente amplificadas por los medios de comunicación que infunden, de forma efectista y sensacionalista un sentimiento de angustia en los mercados. En muchas ocasiones, con poca o nula información. Esta angustia en los mercados afecta a los pequeños inversores y a pequeños y medianos bancos, sobre todo de inversión, que ven cómo sus clientes abandonan la confianza prestada en ellos y las agencias de calificación -empresas que se dedican exclusivamente a puntuar a las empresas que cotizan en Bolsa para recomendar o desaconsejar su compra y que influyen de forma muy importante también en el mercado- inician la senda de la rebaja generalizada de recomendaciones a bancos y fondos de inversión. En definitiva, las Bolsas comienzan una espiral descendente que contagia a otras empresas con nula relación con los bancos o con la burbuja especulativa inmobiliaria o financiera.
El problema está cuando esa espiral depresiva -por bajada generalizada de las cotizaciones- se lleva a los bancos por delante. Evidentemente, los ciudadanos que poseen sus ahorros en dichos bancos y diversos activos en empresas que el banco poseyese a través de bonos emitidos por otras empresas o por diversas instituciones públicas -caso del Ayuntamiento de Madrid en Lehmann Brothers, por ejemplo- no tienen por qué pagar los riesgos asumidos por los accionistas y directivos de la empresa. Es ahí donde entra el Estado y donde falla el mismo: socializa pérdidas, no sostiene activos.
A juicio de un liberal, el que no asume riesgos no obtiene ganancias pero tampoco tiene pérdidas. El Estado, como árbitro del mercado y garante de las relaciones contractuales y derechos de consumidores y productores, debe garantizar a los millones de ahorradores de los bancos comerciales el percibir, íntegramente, su dinero depositado en el banco. Esa es su misión, sin embargo, a los miles de accionistas que implícitamente asumieron un riesgo, el Estado no debe garantizarles en absoluto la pervivencia de sus títulos ni garantizar ganancias o, al menos, sostener precios. El Estado, en ningún momento puede distorsionar el mercado y eliminar el riesgo que el capitalismo posee intrínsecamente a su existencia.
Las grandes empresas y bancos de inversión se han enriquecido a lo largo de estos años de burbuja especulativa y el Estado, así como los accionistas, han obtenido cuantiosas plusvalías. El mercado posee estos beneficios y, hasta ahí nadie debe entrometerse. Ahora, cuando llega un momento de decadencia, los inversores deben asumir el riesgo de perder su inversión. El capitalismo recompensa a quienes tienen la astucia en el mercado y no a quienes pierden. No hablamos de ruletas ni de azares, hablamos de negocios e inteligencia.
Keynes fue el padre del paternalismo estatista, de la subvención por doquier y las nacionalizaciones ruinosas. Es el momento de que la sociedad asuma que no siempre se gana, que a veces se pierde y que sólo los que de verdad se lo merecen pueden ganar.
Mañana, EEUU.
La cita de hoy: Goethe: "El hombre yerra tanto como lucha".
Durante estos días nos desayunábamos y cenábamos con noticias de Wall Street, estúpidamente amplificadas por los medios de comunicación que infunden, de forma efectista y sensacionalista un sentimiento de angustia en los mercados. En muchas ocasiones, con poca o nula información. Esta angustia en los mercados afecta a los pequeños inversores y a pequeños y medianos bancos, sobre todo de inversión, que ven cómo sus clientes abandonan la confianza prestada en ellos y las agencias de calificación -empresas que se dedican exclusivamente a puntuar a las empresas que cotizan en Bolsa para recomendar o desaconsejar su compra y que influyen de forma muy importante también en el mercado- inician la senda de la rebaja generalizada de recomendaciones a bancos y fondos de inversión. En definitiva, las Bolsas comienzan una espiral descendente que contagia a otras empresas con nula relación con los bancos o con la burbuja especulativa inmobiliaria o financiera.
El problema está cuando esa espiral depresiva -por bajada generalizada de las cotizaciones- se lleva a los bancos por delante. Evidentemente, los ciudadanos que poseen sus ahorros en dichos bancos y diversos activos en empresas que el banco poseyese a través de bonos emitidos por otras empresas o por diversas instituciones públicas -caso del Ayuntamiento de Madrid en Lehmann Brothers, por ejemplo- no tienen por qué pagar los riesgos asumidos por los accionistas y directivos de la empresa. Es ahí donde entra el Estado y donde falla el mismo: socializa pérdidas, no sostiene activos.
A juicio de un liberal, el que no asume riesgos no obtiene ganancias pero tampoco tiene pérdidas. El Estado, como árbitro del mercado y garante de las relaciones contractuales y derechos de consumidores y productores, debe garantizar a los millones de ahorradores de los bancos comerciales el percibir, íntegramente, su dinero depositado en el banco. Esa es su misión, sin embargo, a los miles de accionistas que implícitamente asumieron un riesgo, el Estado no debe garantizarles en absoluto la pervivencia de sus títulos ni garantizar ganancias o, al menos, sostener precios. El Estado, en ningún momento puede distorsionar el mercado y eliminar el riesgo que el capitalismo posee intrínsecamente a su existencia.
Las grandes empresas y bancos de inversión se han enriquecido a lo largo de estos años de burbuja especulativa y el Estado, así como los accionistas, han obtenido cuantiosas plusvalías. El mercado posee estos beneficios y, hasta ahí nadie debe entrometerse. Ahora, cuando llega un momento de decadencia, los inversores deben asumir el riesgo de perder su inversión. El capitalismo recompensa a quienes tienen la astucia en el mercado y no a quienes pierden. No hablamos de ruletas ni de azares, hablamos de negocios e inteligencia.
Keynes fue el padre del paternalismo estatista, de la subvención por doquier y las nacionalizaciones ruinosas. Es el momento de que la sociedad asuma que no siempre se gana, que a veces se pierde y que sólo los que de verdad se lo merecen pueden ganar.
Mañana, EEUU.
La cita de hoy: Goethe: "El hombre yerra tanto como lucha".
Etiquetas:
crisis,
Keynes,
liberal,
mercado,
socializar pérdidas,
wall street