No sabía que había ganado alguien que supone la Anunciación del Cambio Histórico, del Mesías que convertiría el Imperio en un reino mágico y místico en el que todo el mundo podría echar mano de él para cualquier problema, por nimio que fuese. No, en realidad ha ganado el candidato del Partido Demócrata que, entre otras cosas, es negro. ¿Y bien? En sus primeras decisiones como Presidente electo que ha filtrado a la prensa se detectan algunos cambios como el de Guantánamo -sí, es algo bonito pero...¿de verdad afecta al mundo entero?- y cierta amplitud de miras a la hora de enfocar la victoria lograda.
El 'buenismo' español se enzarza en un debate de datos históricos que les sirvan para ponerse en sus nicks de MSN -juro que he visto nicks de MSN con "Obama: el Presidente más votado de la Historia de los Estados Unidos"- o para demostrar su superioridad moral al respecto de ese embate de la ultraderecha 'yankee' -entroncada, como no podía ser de otro modo, con esos pérfidos del Partido Popular- que era McCain. El jolgorio es absoluto, finalizaron ocho años de mandato de George W. Bush -y yo me alegro tanto como ellos, por distintos motivos- y al fin Zapatero tendrá las puertas de la Casa Blanca abiertas...o al menos eso se vende.
Pero seamos claros, tanto Obama como McCain no diferían tanto en sus propuestas sustanciales. Partido Demócrata y Partido Republicano son el máximo exponente del bipartidismo anglosajón y en cuestiones fundamentales hablamos de diferencias de matices, de diferencias en la forma de comunicarlo a la Nación americana y al resto del mundo. La victoria de Obama ha sido saludada desde todos los altavoces de la progresía cerril y desde ambientes izquierdistas. ¿Viva el proteccionismo brutal de la economía norteamericana? Hispanoamérica podrá seguir viendo vetado su libre comercio con la potencia del norte y, así el 'buenismo' tendrá sus excusas para achacar la pobreza del patio trasero al Imperio.
Con Obama tendremos más de lo mismo, otro JFK al que soportar su excelente oratoria y su gran márketing. ¿Cambiará el mundo? No, y con un poco de suerte -irónico, ¿eh? no se me echen al cuello-, quizás asesinen a Barak Obama y el progresismo cerril tenga otro icono al que echar mano y así, justificar su altar divino del 'todo debe cambiar para que no cambie nada'.
Ya lo dice 'De Frómista a Kyoto': "Don't blame me, I voted for Ron Paul".
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